Protege tu Aura: Cómo Elevar tu Frecuencia y Limpiar Energías Negativas
Nuestras vibraciones energéticas nos protegen de las bajas frecuencias emitidas por otras conciencias. Estas energías de baja frecuencia corresponden a lo que solemos percibir como negatividad: estados de depresión, agotamiento y enfermedades físicas o emocionales.

En la imagen se aprecia la expansión ideal del campo aúrico. A medida que elevamos nuestro nivel de conciencia, el aura envuelve por completo nuestro cuerpo físico, creando un escudo protector tanto para nuestra salud biológica como para nuestra mente frente a las bajas frecuencias externas. Cuanto más alta sea nuestra frecuencia energética, menos nos afectarán las vibraciones denso-negativas al intentar entrar en contacto con nosotros. Por ejemplo, si al conversar con alguien sientes que su discurso te agota, te afecta negativamente o te sumerge en un estado de desánimo, significa que esa persona emite una frecuencia vibratoria baja. Además, el hecho de que esta interacción te afecte tan profundamente revela que existen fisuras en tu aura o que tu propio nivel energético ha descendido.
El estado reflejado en la imagen representa el modelo aúrico de una persona cuya conciencia aún no se ha expandido del todo —un estado común en la mayoría de la gente—, resultando en un aura debilitada. Las grietas o fisuras en el aura nos dejan desprotegidos; cualquier frecuencia baja que entre en contacto con nosotros puede reducir instantáneamente nuestra vibración. Asimismo, la vulnerabilidad a múltiples enfermedades proviene de permanecer de forma continua en una baja frecuencia energética. En estas condiciones, la conciencia pierde su capacidad defensiva, quedando expuesta a padecimientos físicos (como gripes o fiebres) y desequilibrios mentales o emocionales (como la ansiedad y la depresión).
Ejercicio para liberarte de las influencias negativas:
Inhala por la nariz durante 6 segundos, retén el aire durante 6 segundos y exhala pausadamente durante 6 segundos. Repite este ejercicio de respiración consciente hasta que tu mente se calme por completo y quede libre de pensamientos intrusivos. Cuando tu mente alcance este estado de serenidad y esté preparada para la meditación, evoca recuerdos donde te hayas sentido plenamente feliz, fuerte y dichoso. Por ejemplo: revive con detalle un momento en el que experimentaste máxima plenitud y visualízate allí en el presente. Permanece en esa emoción y estado mental el mayor tiempo posible; si tu mente se distrae, regresa suavemente a ese recuerdo radiante y vuelve a sentir esa energía elevada.
Extiende esta práctica todo el tiempo que desees: cuanto más prolongues la meditación, más rápido se reprogramará tu mente subconsciente.
Una vez reprogramada la mente, tu conciencia y tu aura continuarán fortaleciéndose y protegiéndote de manera automática, incluso cuando no estés realizando la práctica activa.
Si sientes que no tienes un recuerdo específico al cual acudir, puedes crear imaginariamente una escena placentera y permitir que tu mente experimente esas sensaciones como si fueran absolutamente reales.
Realiza esta poderosa práctica antes de dormir, al despertar o en cualquier momento del día para blindar tu energía y mantenerte inmune a las bajas vibraciones externas.